Este artículo lo encontré el el blog de El Comercio Unicornios y Dragones. Me pareció fascinante y muy recomendable para los fanáticos de la saga y también para los que aún no la conocen muy bien.


Hoy es común escuchar a un niño decir: “No te acerques a él, porque está con su lado oscuro”. Quería pedirles disculpas por retrasarme en los ‘post’, extrañamente me dio un impenitente ataque de migraña –que jamás había tenido- que despertó mis melancolías más antiguas –esas que se esconden, camuflan y reciclan- y mi lado oscuro…

¿Qué es el lado oscuro? No hay nada ni nadie que lo haya expresado mejor que la saga de películas de “Star Wars”, que marcó con cimitarra mi infancia. Y todo el cine se ha visto influido con este eminente concepto mítico –que aparece desde la noche de los tiempos-, sobre todo el cine de héroes: recuerden la última entrega de “Spiderman” y la que viene de “Batman”.
Estaba escribiendo sobre las enseñanzas psicológicas de los cuentos de hadas (les recomiendo un gran libro: “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim) y también de sus significados iniciáticos (hay otro estupendo: “Una historia mágica de los cuentos” de Enrique Balasch). Pero prefiero hablar de “Star Wars”, porque como saben quienes ahondan en el conocimiento de otros seres, planetas y dimensiones de espacios y tiempos: Ahí está todo.

George Lucas quiso crear una mitología “para una generación sin cuentos de hadas”. Por eso, para su inconmensurable universo mítico y filosófico fue vital su maestro: el antropólogo Joseph Campbell (alguien que junto con Carl Jung y Mircea Eliade son los tres abuelos sabios de este blog).
Joseph Campbell es el Obi Wan Kenobi de los mitos, el más grande investigador de mitología comparada, que en ese libro que parece salvado de la Biblioteca de Alejandría, “El héroe de las mil caras”, pudo encontrar un espíritu y un cuerpo común en todas las cosmogonías del planeta.
Luego de ver la primera película, Joseph, el sabio, se acomodó la levita y levitó: “Lucas ha dado el más nuevo y enérgico impulso a la clásica historia del héroe”.
Empecemos el viaje especial: Tanto Anakin y luego Luke Skywalker siguen los patrones de Jasón, el rey Arturo, Beowulf, Lohengrin, el Caballero del Cisne, y Sigfrido, de “El anillo de los nibelungos”. Campbell descubrió que existe un esquema común a todas las narraciones heroicas. Y Lucas armó sus mundos consciente de esas estructuras.

El primer momento en toda narración heroica desde Perseo a Flash Gordon es “la llamada de la aventura”: el futuro héroe vive una vida convencional y demasiado humilde: “Luke es el sobrino de unos granjeros en su planeta Tatooine, Anakin, su padre, es un esclavo, lo más bajo de la sociedad. Es el mismo esquema de Jesús, el rey de los judíos nace en un establo para resaltar la idea del más simple”, me comentó el antropólogo Armando Millán, representante de la Campbell Foundation en el Perú.
Hasta que aparece un mensajero que desencadenará su transformación. Qui-Gon Jinn en el caso de Anakin, y en el caso de Luke: R2D2, el androide que traía un mensaje de la princesa Leia.
Una vez que el héroe ha aceptado la llamada de su destino aparecen las “ayudas sobrenaturales”: los grandes maestros, en un proceso de iniciación. Aquí concurren, por ejemplo, el mago Merlín para el rey Arturo y Yoda, la típica figura del anciano ermitaño, para Luke. Y los compañeros de ruta, cada uno con una virtud en especial: R2D2, que representa la fidelidad o Han Solo que es la encarnación de la astucia al nivel del Ulises griego o el Percival artúrico.
Y desde los trabajos de Hércules aparecen las pruebas, como dice el Corán: “¿Acaso piensas que entrarás en el Jardín de la Gloria sin pasar por las pruebas que sufrieron los que te precedieron?”.
En un momento cumbre se produce “el encuentro con la diosa” (con lo femenino, con Leia que es la reencarnación de la princesa guerrera) y la conflictiva “reconciliación con el padre”: “Que no debe verse como un problema psicoanalítico, sino como una metáfora de la integración del individuo con un lado de sí mismo. En Star Wars, el mayor enemigo de Luke es su padre. Ante eso, tenía la opción de eliminarlo como Teseo, que le da muerte al Minotauro sin reconocer que este tiene algo de él. O reconciliarse con él y de enemigo transformarlo en amigo. Esta es la verdadera victoria del héroe”, me decía Millán.

El proceso de transformación implica varias etapas culminantes: la apoteosis, la iluminación y el regreso. Sin embargo, antes está la figura de la tentación.
Cristo fue tentado por Satanás y Buda por Mara; sin éxito. Anakin fue tentado por el Lado Oscuro y cedió, Luke fue tentado por su padre y la superó. La tentación siempre es a un Elegido. Esta idea de un mesías atraviesa todas las culturas, desde el “Saosyant” del zoroastrismo hasta Neo de Matrix.
Existe un ensayo de Fernando Savater en su libro “La infancia recuperada” sobre Tolkien que enfatiza que en todas las historias míticas está escrito que siempre el bien triunfará sobre el mal y no hay revuelta que darle, pero ¿cuál es entonces el riesgo del héroe? “Que tenga miedo, que desconfíe de su capacidad, así perderá su misión”, reflexionaba Millán.
Ya se lo había dicho Yoda a Anakin: “El miedo es el camino al Lado Oscuro, el miedo conduce a la ira, la ira conduce al odio y el odio al sufrimiento”.
Anakin fue concebido por una virgen, sin intervención humana. Pero pese a todas estas señales “elegidas” pasó a representar otro recurrente: el Elegido que se corrompe; como Lucifer, el más bello y favorito de Dios que lo traiciona. (No existen heroicidades sin traiciones). Y se transmuta en un Señor Oscuro: un equivalente a Saruman de “El señor de los anillos”, quien también fue un mago blanco hasta que lo tentó el anillo.

En “Star Wars” hay sobre todo una enorme influencia de la mitología oriental. Por ejemplo, la forma de hablar de Yoda (usando el verbo al final siguiendo la gramática japonesa): “Si ningún error has cometido, pero perdiendo estás, diferente juego deberás jugar”. Igual el nombre Qui-Gon Jinn, el maestro de Obi Wan, parece derivar su nombre del Qui-Gong o Chi-Kung: el arte chino de utilización del ‘Qui’ o ‘Chi’, la energía de la naturaleza y del cosmos (recuérdese también el tai-chi). De otro lado, el manejo de la energía de los jedi se da a través de la imposición de manos (obsérvese el ‘rei-ki’ como un referente). El nombre de Padmé es una alusión directa al célebre mantra budista: “Om mani padme hung”.
Los jedi son una mezcla de caballeros cruzados templarios con conocimientos gnósticos, de almorávides musulmanes, monjes guerreros del Shaolín y samuráis con códigos de honor y lealtad (por eso, sus enemigos los sith son equivalentes a los ninjas).
La vida de un jedi es de sacrificio y renunciación a las posesiones materiales. Como en toda orden de caballeros tienen rangos que van de iniciado a “padawan”, de ahí a caballero y por último a maestro. Y toman sus decisiones en un consejo émulo del de la Mesa Redonda en la saga artúrica. Pero predican la no violencia como dice Mace Windu: “Solo somos protectores de la paz. No soldados”.
Solamente deben defenderse, jamás atacar, por eso muchos han visto en Yoda a la reencarnación de Morihei Ueshiba, el creador del aikido: “Un jedi usa la Fuerza por el conocimiento y defensa, nunca para atacar”. O: “La guerra no hace grande a nadie”. Pero para el Lado Oscuro sí. “Un jedi gana su poder a través del entendimiento; un sith gana entendimiento a través del poder”, dice Darth Sidious.
La palabra sith parece venir del céltico y significa hada o magia. Para un sith no hay meditación que valga, la energía proviene de las pasiones y el poder: el amor-odio, la obediencia-rebeldía, el respeto-traición. Es un camino más rápido, fácil y seductor. Los sith son una orden establecida por un disidente jedi, corrompido por su soberbia. (La figura del traidor, otra vez).

El código jedi estipula: “No existe la muerte, solo la Fuerza”. Y este es un conflicto que se da en el “Episodio III”. Yoda le dice a Anakin que la muerte es solo pasar a otro estado de la Fuerza, pero él se ve seducido por la tentación sith de burlar el beso de Perséfone y salvar a su amor, Padmé. Aquí está presente la típica idea budista del desapego (los jedi tienen un voto de celibato, pero más cercano al zen que al cristianismo). El miedo a perder algo, a no soltar todo salvo tu esencia, es también un camino al Lado Oscuro. Se lo advirtió Yoda. Pero Anakin se pudrió en este miedo por Padmé. Y resucitó la tragedia ancestral del amor prohibido.

No es un vellocino de oro ni un santo grial. “La Fuerza es aquello que le da su poder al jedi. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivas. Nos rodea y nos penetra. Mantiene a la galaxia unida”, dice Obi-Wan Kenobi. “Fluye a través de un jedi”.
La Fuerza, según diversos intérpretes, viene del budismo y su ideal de iluminación, el disolverte en el todo para aparecer luego a voluntad como un espíritu maestro, como lo harán Obi Wan y Yoda. Aunque otros han analizado la influencia de la religión shintoísta (la energía de los antepasados) y de los cultos celtas

La Fuerza tiene razones que la razón no tiene. “Siente, no pienses, usa tus instintos” (Qui-Gon Jinn). O: “Tus ojos pueden engañarte. No confíes en ellos. Estírate en tus sentimientos” (Obi Wan).
El Elegido aparece para equilibrar la Fuerza, es decir no para que el Lado Luminoso extermine al Lado Oscuro, sino para que exista armonía en esta polaridad. Típica idea taoísta, en la que no puede existir un yin sin un yang.
Además brinda poderes de adivinación, telequinesis y telepatía. Pero no funciona con los comerciantes (Curioso que los malos sean la Federación de Comercio y la Liga de Banqueros, gente sin espiritualidad; por ser Lucas un gurú del ‘merchandising’).

Aunque Armando Millán tenga otra hipótesis: “Lucas ha estudiado Antropología y está familiarizado con la Idea de la Fuerza Espiritual, que tiene que ver con la etapa del pensamiento mágico en que todos y cada uno de los objetos estaban vinculados por una esencia”. Han Solo tiene otra opinión: “Esas son viejas religiones olvidadas, yo solo pongo mi confianza en mi arma de rayos”.
¿Alguien más piensa que en este nuevo siglo en que algunos todavía veneran el cinismo posmoderno, el fenómeno “Star Wars” reivindica valores como el heroísmo, los ideales caballerescos, la ayuda al más débil y la búsqueda de la iluminación? ¿Alguien más comparte este gusto “infantil”? ¿Alguien que ya pase los 30 años -y creció con la primera trilogía- ha compartido la afición o el gusto o el disgusto con sus hijos, que se fascinaron con la segunda trilogía? ¿O alguien más ha descubierto que el universo es -también lo dice sonriente el iluminado budista Namkhai Norbu- como la cantina de Mos Eisley